{la ventana de nanook}

Soy Gilipollas, pero no idiota…

Sí. Soy gilipollas porque nací así y porque soy un nefasto negociador, pero voy aprendiendo. Dadme tiempo y conseguiré que las cosas cuesten lo que tienen que costar.

Hace dos años en Como, Italia, me compré un pan aparentemente riquísimo en un mercado tradicional. Era de nueces con cereales y del tamaño de media barra de cuarto. Pensé que para cenar Raquel y yo era suficiente. Lo pedí. Fui a pagar. La mujer me dijo el precio, “6’5 euros”. Abrí el monedero y apareció Raquel que estaba despistada mirando tarros de mermelada. Me dijo”¿cuánto cuesta?” le dije “6’5 euros“. Yo era consciente de que el precio era desorbitado, pero ni me había planteado devolverlo porque la señora ya me lo había envuelto y además iba disfrazada de medieval y me parecía hacerle un feo. Lógicamente Raquel me salvó de la situación diciendo un “grachie, el mio marito es gilipollas, no quiere el panini”. No dijo esto, en verdad, pero lo pensó, estoy seguro, y no me lo quiere confesar. La cuestión es que me cogió de la mano y me sacó de ahí.
De esa experiencia, absurda, estaréis pensando, saqué muchas conclusiones. La primera es que no estamos obligados a pagar precios descaradamente desproporcionados por el simple hecho de haber pedido un producto. La segunda, conclusión no os la digo porque es personal. Y la tercera es que soy gilipollas.

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Hoy, dos años más tarde, he decidido comprarme una porción de coca con piñones en una pastelería del barrio de Sants, antes de llegar al aeropuerto, desde donde os escribo. He pensado que me saldría mucho más barato comprar allí la merienda y tomarla en la puerta de embarque que pagar un dineral por un donuts en una cafetería Ars. Pues tampoco he acertado, y hoy no estaba mi señora para defenderme, pero me he hecho el valiente y he salido victorioso.
- ¿Senyora, voldria aquesta coca…? per emportar…
- Sí, maco… (la pesa, y sin pensárselo dos veces me suelta)… 6 amb 75.
- (no he tardado ni una porción de segundo) Ui, no, senyora, això no val 6 amb 75… (he empezado a buscar argumentos para defender mi postura por si entrábamos en una discusión o incluso llegábamos a las manos…)
- Vinga, dona’m 2 euros, maco.

Y he salido de la pastelería sin heridas, sin rasguños, sin haber discutido con nadie, y habiéndome ahorrado casi 4 euros en un trozo de coca de piñones! No, no y tres veces no. Nos toman el pelo, señores y señoras, y no nos quejamos. No puedo creer que bajar un porcentaje que en Marruecos me hubiera costado 4 tés y una tarde entera haya sido tan fácil con la señora María. Las Rebajas, he pensado… no, más simple. Si cuela, cuela, y otro gilipollas pagará el precio de una hora de trabajo de un español medio por la mitad de coca que he dejado allí.

Creo que algo está pasando… y tengo miedo.

Escrito por alvaro sanz en pensamientos y tiene 2 Comentarios

2 respuestas to “Soy Gilipollas, pero no idiota…”

  1. ale dice:

    hacé un manual, porque el regateo es mi materia pendiente!

  2. Almu dice:

    Joer, eso me pasó a mí este jueves santo en Ribadesella, por un cartón de zumo de litro y 4 plátanos en un “ultramarinos”(uno, dos, tres y cuatro) me cobraron 4,80. Pero lo peor es que fuí gilipollas y lo pagué sin decir ni mú!

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