Siempre he sentido debilidad por las casas derruidas, por observar las formas que quedan en las paredes a medio caer, por las texturas del papel pintado, por la decoración, o lo que se intuye de ella… por imaginar quién vivía allí…
Hace tres años llamé a mi amiga Ainara para ver qué tal estaba. Me dijo que estaba en Alicante, que tocaba esa misma noche. Miré los kilometros que me separaban de ella y no eran más de 450, así que salí corriendo hacia el sur (yo estaba en Tarragona). Al llegar, aún tuvimos tiempo de charlar, pasear, ir a la prueba de sonido… y por las calles de Alicante había un edificio derruido. Quedaban cantidad de texturas de papel, y las fotografié…


















