{la ventana de nanook}

Atardecer de San Juan

Cuando tenía 14 años monté mi primer grupo de pop. Cantábamos en catalán porque nuestros referentes cantaban en esa lengua y estábamos en plena explosión de lo que más tarde se llamó “Rock Català”. Recuerdo una de nuestras letras, que escribió mi vecino y compañero de banda Oscar Ruiz, y que se convirtió en la canción del verano del 91 entre nuestros amigos.

La nit de Sant Joan, milers de fogueres al teu voltant

si no ho pots entendre no tinguis pressa

la nit és màgia i t’ho ensenyarà.

La canción hablaba de la noche de San Juan, esa noche tan especial que estés donde estés siempre es mágica. Ahora que han pasado tantos años y he dado tantas vueltas, me gusta recordarla, y recordar aquellas hogueras en el barrio quemando trastos viejos, maderas que recopilábamos durante semanas…

Os dejo con una foto del atardecer que estoy viviendo ahora, en esta tarde especial que se acaba y que me recuerda que al otro lado del mar está mi casa, mi Mediterráneo, mi infancia.

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Marcianitos

En Bélgica está la Agencia Espacial Europea y hemos llegado a ella sin que formara parte de nuestros planes. Hemos aparcado la autocaravana a escasos metros y hemos dormido allí tratando de descubrir si todas esas antenas atraían a seres de otros planetas. Mientras me dormía he pensado que quizás los que trabajan allí se aburren de buscar vida fuera de la Tierra y todo eso que he visto no son más que antenas parabólicas para poder ver la televisión española, que para un belga debe ser lo más parecido a ver a los marcianos.
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Llamadme Félix

Sabía que observar la fauna es mucho más difícil que la flora y que conseguir una buena instantánea de un bicho es tarea de gente paciente, algo que no me caracteriza. Aún así lo he intentado y en un bosque de Wallonie en Bélgica, he pasado horas sentado en una cabina de observación donde me prometían ciervos, jabalíes, aves de todo tipo y, con un poco de suerte, algún reno. Pero no, allí solo he visto una abeja que casi me pica y tres despistados más que se han acercado a “observar”. De la dificultad del avistamiento he empezado a sospechar cuando los que parecían más expertos llevaban sus termos con bebida, su comidita y todo tipo de artilugios para pasar horas allí metidos. Entonces he entendido por qué nuestro amigo Félix preparaba “trampas” para poder rodar algunas de las famosas secuencias que tanto nos sorprendían de pequeños. Me voy de ahí recordando al águila pillando una cabra al vuelo y pensando que me debería dedicar a otra cosa…

La foto que os dejo es todo lo que he podido ver durante mis horas de naturalista observador de nivel 0.

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